COP 30 en Brasil ¿Hacia dónde vamos las empresas en materia ambiental este 2026? ¿Cuáles son los retos climáticos y económicos que enfrentan los mercados regionales?
- Flavio Cabrera

- 4 feb
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La reunión celebrada durante el 19 y 23 de enero en materia económica en Davos, Suiza no fue solamente una plataforma donde mandatarios, jefas de estado, inversionistas, académicos, y empresas intercambiaron pronunciamientos en la materia sino que además fue una debacle ambiental debido a la ausencia de temas relacionados a la protección de nuestros ecosistemas causados por las políticas industriales.
Foro tras foro, mesas de análisis, y eventos de networking una significativa parte del Foro Económico Mundial no estuvo a la altura intelectual y mucho menos ambiental que varias empresas e individuos en distintos países esperábamos escuchar de estos encuentros. Puede ser que eventos y “gatherings” paralelos abordaron estos temas pero representaron una minoría pasiva.
Por otro lado, los reflectores, y un alto número de medios de comunicación priorizaron darle cobertura ya fuera a la demanda presentada por el Presidente de los Estados Unidos contra el CEO de un banco en ese país; la momentánea escalada de ridículos discursos ante una posible invasión estadounidense en suelo europeo (Groenlandia); o la creación de un nuevo consejo de paz que intente terminar algunos de los conflictos regionales.
Ahora bien, en materia económica el debilitamiento del dólar estadounidense reflejado con las bajas en el tipo de cambio, nos muestra no solo una significante reducción en el poder de compra y bienestar de un alto número de hogares estadounidenses sino el incremento de conflictos humanitarios y crisis ambientales en distintas economías.
Son diversos los factores por los cuales la depreciación de la divisa estadounidense se ha venido produciendo desde un par de años atrás. Al mismo tiempo, otras divisas incluídos el peso mexicano y el euro, se han fortalecido tanto por el incremento en los volúmenes de exportaciones de los países, el buen manejo fiscal, o el continuo desarrollo tecnológico. Sin embargo, un importante factor hacia la prosperidad en distintas latitudes ha sido el incremento global en inversiones no relacionadas con deuda sino en otro tipo de bienes. Es decir, la significativa movilización de financiamiento hacia capital humano, innovaciones verdes, tecnologías regenerativas, educación, energías limpias, y minerales generan altas tasas de rendimiento y pagos de dividendos.
Cuando un país establece sus políticas económicas e industriales existen una serie de variables a considerarse para no solo mitigar los efectos de los gases de efecto invernadero sino incrementar la resiliencia climática. Por ejemplo, incrementar inversiones a largo plazo, en desarrollo humano, arte y cultura, infraestructura ambiental, y centros comunitarios ambientales. Sin embargo para que estos resultados se concreten en el largo plazo y sean financieramente sostenibles, los gobiernos regionales no deben únicamente centrarse en incrementar el gasto público en avances tecnológicos sino en crear una serie de innovadores tipos de apoyos fiscales. Un ejemplo es incrementar el número de subsidios para que las pequeñas y medianas empresas logren reducir pagar altos costes de inversión en la transición hacia la generación de energías limpias y renovables.
De acuerdo a datos del Banco Mundial, en 2024, una economía de ingresos medios-altos como lo es México generó el 21% de su electricidad total proveniente de alguna fuente renovable, incluidos la energía solar, eólica, bioenergía, y geotérmica. Para ponerlo en perspectiva, durante ese mismo año, Brasil generó el 87%, Estados Unidos 24%, y Colombia al igual que Canadá un 64%. Es decir, observamos que las economías de altos ingresos o industrializadas están enfrentando complejos procesos para transitar hacia una economía verde.
Asimismo, en términos de control de gasto al igual que la inflación, la balanza de pagos de cada país representa un indicador clave a monitorear constantemente para incrementar la expansión de acciones por el clima. Es sumamente alarmante la coyuntura que enfrentamos este inicio de 2026 en la cual un alto número de países de renta baja y media-baja (ex. Somalia, Uganda) continúan incrementando sus deudas soberanas. Sin embargo, es aún más preocupante que en países industrializados (ex. Francia, Alemania), los niveles de endeudamiento incrementen la posibilidad de una crisis no solo climática sino institucional, de bienestar, y cohesión social.
La data indica que una significativa proporción de las economías industrializadas han incrementado su gasto público en materia de seguridad nacional, así como también lo han hecho por el auge de los avances de la inteligencia artificial y otras tecnologías. En algunos países de América Latina y el Caribe (LAC), los gobiernos están pagando hasta 2 veces más en los intereses generados por deudas en comparación con el gasto que invierten en el sector educativo y hasta 2.3 veces más el gasto destinado en los sistemas de salud.
Como se mencionaba anteriormente, la disminución en el valor del dólar no solo incrementa la extracción sino la demanda del oro como un commodity que continúa en aumento por parte de inversionistas, gobiernos, y grupos criminales. Distintas economías, particularmente en el África Sub-sahariana incluidas Mali, Niger, Burkina Faso, Sudan del Sur, y Ghana, continúan experimentando una serie de conflictos bélicos causados por grupos criminales e intereses en la demanda del oro. No obstante, un alto porcentaje de estas economías han tenido que declararse en default en los últimos meses al no tener el dinero necesario para pagar sus obligaciones incluidos el pago de intereses.
Este 2026 se celebrará en Turquía la COP 31 evento en donde la comunidad internacional revisaremos los avances en materia ambiental de cada país y representará no solamente una continuación de los esfuerzos en resiliencia climática sino también una revisión del porcentaje de recursos movilizados hacia descarbonizar las economías.
Durante la COP en Brasil hubo un fuerte compromiso de recursos financieros y técnicos con un valor de más de $1.3 billones de dólares para el 2035 en acciones climáticas. Este nuevo récord de inversiones incrementará el dinero disponible para cumplir los objetivos del Fondo para Pérdidas y Daños, firmado en la COP 28 en Dubái, pero también se utilizará para continuar luchando contra las lamentables acciones de desinformación climática que manipulan a las personas en redes sociales, canales informativos, y discursos populistas.
En el caso de México los retos en materia ambiental y económica en el corto plazo para este 2026 son los siguientes: 1) Expandir la capacidad de colaboración entre Canadá y Estados Unidos para fortalecer estrategias circulares y de bajas emisiones de carbono en industrias como la manufacturera, automotriz, y textil. Aprovechemos el frenesí de la Copa Mundial FIFA e incrementemos las inversiones en materia comercial médica, educativa y de alimentos básicos. 2) Incrementar los subsidios hacia hogares y/o pequeñas medianas empresas que estén transitando hacia el consumo y producción de energías limpias, y 3) Crear un seguro de desempleo nacional para trabajadores que pierdan su empleo, y último pero no menos importante 4)Movilizar mayores porcentajes de financiamiento a sectores clave como lo es el capital humano, empresas lideradas por grupos históricamente marginados, centros comunitarios ambientales, y acciones por el clima.
Flavio Cabrera es Maestro y Economista en Desarrollo por Georgetown University.
Flavio es parte del equipo Wwwhai Consulting, miembro fundador del Hoyas Sustainability Network de Georgetown en Washington DC, y Profesor invitado en distintas universidades en México. Apasionado del senderismo, los safaris, y los paseos en bicicleta.


